EL COMBATE

 

Tuve yo un novio de Toledo que se llamaba Sergio. Qué quereis, pocas mujeres han tenido un novio de Toledo sin vivir en Toledo y menos que se llame Sergio, por eso lo cuento.  Y buen mozo que era Sergio, y de buena familia, de Méntrida,  familia vinatera. Cuando se iba a Toledo siempre traía unas botellas llenas de polvo de las bodegas familiares que nos tomábamos en su apartamento. En días sucesivos, no todas juntas.

- Como los vinos de Méntrida… - me decia-  …ya no hay vinos como los de Méntrida

- Los citan en el Quijote ??   porque a mí si no los citan en el Quijote..

- Lingarta, no te hagas la lista, que no te va…  que tú has sido siempre de cerveza y vermú..

- Y tú que sabes de siempre si acabas de llegar ???

Discusiones de enamorados.

Como era auditor jurado,  tras auditarme a mí -y algunas cuentas- y jurarme amor eterno,  se tuvo que ir y lo dejamos donde estaba, que no es mal sitio.

Pues ocurrió que Sergio, además de ser de Toledo, era un gran aficionado al boxeo. Su padre lo metió en un gimnasio cuando era chico y allí recibió más bofetadas que un novicio, pero se le quedaron los pectorales alzados y una afición loca por cualquier combate. Entonces  la noche de  los viernes daban combates en Eurosport y nosotros, en lugar de arrullarnos, veíamos aquellos combates con gran afición y haciendo gestos con la cintura.

Vale, que sí, que no es muy romántico, lo reconozco, pero yo estaba sola, las niñas se iban con el padre en rigurosas tocas según convenio regulador,  y a mí me parecía muy liberador eso de estar con un auditor jurado pegando voces ante un televisor y bebiendo tinto de botellas de bodega más allá de la media noche. Amar es adaptarse al ser amado y yo fui siempre muy de amar.

A lo que iba es que una de las cosas que más nos unía era la deportividad y el fairplay de muchos boxeadores que, a pesar de los golpes y la saña con que se acometen mutuamente, acaban entre abrazos y se levantan el brazo el uno al otro y todo eso que habreis visto y que emociona a las profanas. Me gusta como suena eso de profanas. Suena como a vestales. Vestal  profana de un auditor jurado para noche de viernes.

En cierta ocasión me contó la historia de un boxeador sonado al que su entrenador arrastraba por los Estados Unidos;  el público acudía  a los combates por el morbo de ver cómo le daban una paliza tras otra. El tipo, ya no recuerdo el nombre, parece que recibía y recibía sin llegar a caer. Su preparador no arrojaba la toalla pese a que, pasado un tiempo, el  resultado del combate estaba cantado. La gente le insultaba en una función aprendida y ensayada que el público, enfadado, parecía representar con gusto.  Así, público colérico, boxeador sonado y manager inclemente,  formaban un todo previsible y repetido.

Ayer por la noche, mientras preparaba unas tortillas en la cocina, ví un corte en el telediario que me hizo recordar a Sergio, al Eurosport, a los vinos de Méntrida,  a lo bien que me sentía bebida y auditada,  y a la historia del boxeador sonado: un Jose Luis  Rodriguez Zapatero con el rostro tumefacto se defendía, entre abucheos e insultos, de los golpes que le iban lanzando su contrincante en una repetida pelea que no podrá ganar.  Por que no lo oyeran las nenas, angelicos,  bajé el volumen, y los gritos poco definidos me trajeron aquellos otros  de cuando el principio del mandato en que la gente, esperanzada, le gritaba:

NO NOS FALLES  !!

Y con ese recuerdo y un poco de tristeza,  algo decía dentro de mí lo mismo que entonces:

-Por favor, ya basta; que alguien tire la toalla.

Lingarta, sí,  pero tambien profana y compasiva.

 

 

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