El velo

 

Mi vecina Reme opina que los emigrantes,- así lo dice, los emigrantes,- tienen que hacerse a nuestras costumbres.  Lo dice muy convencida, como una verdad sencilla que todo el mundo debería comprender.

- Yo lo tengo muy claro…No están aquí ???   no han venido  ???   - grita, parece enfadada-   pues lo que tienen que hacer es respetar nuestras costumbres y ser uno más.

Tambien lo dice de los gitanos aunque los gitanos llevan ya más  tiempo en el país.  Todos tenemos que tener las mismas costumbres según Reme. Bueno, las mismas es un decir. Lo importante es ser uno más.

Es decir, que te vienes desde el centro de Africa o de los Cárpatos y éso y ya te puedes poner a bailar sevillanas para estar de acuerdo con mi Reme que es de las que empiezan las frases diciendo que lo tienen muy claro.

Lo cierto es que hay un buen grupo de muchachas musulmanas  con su velo que, de pronto, de llevarlo pacificamente y a su gusto, se han convertido en odiosas sumisas o heroinas anónimas.  Para ellas es un hábito o una forma de identidad, pero a los demás no nos parece convincente ni adecuado que lo lleven. Que nuestras nenas lleven piercing ya está hasta bien, o un tatuaje en la cintura como cenefa de ventana, o un agobiado pañuelo palestino al cuello, o los riñones al aire en pleno invierno o en pleno aula, o los pantalones con una graciosa caída a media cadera. Nuestras hijas van como quieren y muchas de ellas quieren ir extravagantes porque están en esa edad de la diferenciación y desde luego cuentan con nuestra tolerancia.

Así son nuestras costumbres. Que nuestras criaturas se metan en un tugurio con un sujeto medio borde y se gasten en un tatuaje lo que los abuelos les han ido regalando por el cumple, también son nuestras costumbres. Que se empeñen en llevar unos pechos nuevos y que  se los regalemos por aprobar la selectividad, se está extendiendo. Que vayan pintadas como señoras desde los catorce años es una costumbre frecuente. Pero que una muchacha musulmana lleve velo … amiga, ahí hay un límite… el velo no. Que una muchacha musulmana lleve velo se toma síntoma de una religiosidad extraña o de costumbres sospechosas  que hay que erradicar.  Sospechosa por mojigata, o por terrorista, o por carácter vindicativo o, simplemente, por poco sumisa a las costumbres de acogida.  Sospechosa por algo.  Sospechosa

Personalmente entiendo que esa intolerancia limita con la fobia racista y se aplica sobre los más débiles porque son más débiles. Cada año han venido las familias saudíes por la Costa del Sol y no he oido ni un solo comentario, pero ni uno solo, de su apariencia; ninguna preocupación por nada. Y ahora surge una oleada contra las chicas escolarizadas en camino de una inmersión en nuestra cultura, que puede afectar gravemente a su personalidad en el futuro.  Bastante ha de ser el esfuerzo de aprender un idioma para poder estudiarlo, una forma de escritura que en muchos casos sustituye a la que conocían, los hábitos, el sentirse observadas, diferentes, escasas… para además sentirse perseguidas. Y todo ello en una edad en que se confirma la personalidad y se marcan muchos rasgos de futuro.

Será nuestra forma de vida tan convincente para que se les caiga el velo sin que nadie las obligue  ???

Y si las dejamos vivir en paz ???

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Una respuesta para “El velo”

  1. Antonio Jiménez Dice:

    Y si queremos entrar en consideraciones religiosas o discriminatorias hacia la mujer, ¿qué diferencia hay entre llevar velo o hábito y toca (o cofia o como se llame) de monja?

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